Sunday, July 26, 2015

Acento Prosódico versus Ortográfico
Guillermo García Machado
Acento, cuyo origen etimológico se encuentra en el vocablo latino accentus, es un término que puede emplearse para nombrar a la energía que se aplica al pronunciar una sílaba, con el objetivo de diferenciarla del resto por su tono o intensidad. Prosódico, por su parte, es aquello vinculado a la prosodia (la rama de la gramática que instruye sobre la acentuación y la pronunciación correctas).

El acento prosódico es el relieve que se realiza en la pronunciación. Cuando este relieve se indica en la escritura de las palabras a través de la tilde (una línea oblicua que desciende desde la derecha hacia la izquierda), se habla de acento ortográfico.
Como se puede advertir, el acento prosódico es aquel que se aplica en la pronunciación, mientras que el acento ortográfico se plasma a través de la tilde. La sílaba que se acentúa, por otro lado, se denomina sílaba tónica.
Tomemos el caso de la palabra “perro”. Se trata de una palabra de dos sílabas: pe – rro. La sílaba tónica es pe: sobre ella recae el acento prosódico. “Perro”, de este modo, es una palabra acentuada en la anteúltima sílaba, que finaliza con una letra vocal. Las reglas ortográficas de la lengua castellana indican que, en estos casos, no se utiliza la tilde.
La palabra “pasión” también tiene dos sílabas: pa – sión. Su sílaba tónica es sión pero, en este caso, más allá del acento prosódico, también lleva acento ortográfico (tilde). Esto se debe a que la acentuación se encuentra en la última sílaba y la palabra termina en N: de acuerdo a las reglas de la ortografía, dichas palabras llevan tilde para marcar el acento.
SI USAS EL SISTEMA OPERATIVO DE WINDOWS:
Para escribir (ü, é, á, í, ó, ú, ñ, Ñ, ¿, ¡) mantén presionada la tecla “ALT” en una PC o la tecla “option” en la MAC, después ingresa el número que se indica en cada letra usando el teclado de la izquierda.
·        ALT + 129 = ü
·        ALT + 130 = é
·        ALT + 160 = á
·        ALT + 161 = í
·        ALT + 162 = ó
·        ALT + 163 = ú
·        ALT + 164 = ñ
·        ALT + 0193 = Á
·        ALT + 0201 = É
·        ALT + 0205 = Í
·        ALT + 0211 = Ó
·        ALT + 0218 = Ú
·        ALT + 0220 = Ü
·        ALT + 165 = Ñ
·        ALT + 168 = ¿
·        ALT + 173 = ¡
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Sunday, July 19, 2015

El Abandono Escolar
Guillermo García Machado
El abandono es el acto y el resultado de abandonar: dejar algo, alejarse de él. Escolar, por su parte, es aquello vinculado a la escuela (el centro educativo donde se brinda instrucción). La noción de abandono escolar, de este modo, refiere al alejamiento de un alumno de una institución educativa antes de la finalización de la etapa que estaba cursando. Dicho de otro modo: cuando un estudiante deja de asistir a la escuela pese a que todavía no completó su formación, está incurriendo en el abandono escolar.
El abandono escolar es un problema social. Aquellas personas que no completan la formación obligatoria que fija el Estado no cuentan con los conocimientos necesarios para insertarse con éxito en el mercado laboral. De este modo, solo pueden aspirar a conseguir empleos informales o precarios, sin posibilidad de progreso. Puede decirse que estos individuos se encuentran en desventaja ante aquellos que sí completaron sus estudios escolares.
Para los niños, el acceso a la educación es un derecho. Por eso el abandono escolar convierte al niño en una víctima. Por otra parte, debido a la obligatoriedad de la escolaridad, los padres que permiten que un menor abandone la escuela son responsables de esta circunstancia.
Por lo general, el abandono escolar está relacionado a otras problemáticas sociales. Hay padres que, ante la falta de dinero, no pueden enviar al niño a la escuela ya que no logran solventar los gastos de traslado, alimentación, material de estudio, etc. A su vez, la necesidad de generar ingresos lleva a los adultos a hacer trabajar a los niños. Así se produce el abandono escolar. Para evitar esto, el Estado debe garantizar que la familia acceda a los recursos materiales necesarios para su subsistencia y para que el menor pueda completar sus estudios.
Traemos a colación lo tratado por Wikipedia, la cual nos ilustra, como sigue: El abandono escolar temprano es un indicador educativo de la Unión Europea, empleado para evaluar el desempeño de los países miembros en educación. Se entiende como abandono educativo temprano al hecho de alcanzar al menos un nivel CINE 3 y no estar cursando estudios, ya sean reglados o no reglados. Por ejemplo, en España estarían en abandono educativo temprano aquellas personas que tras finalizar satisfactoriamente la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) no continúan sus estudios, ya sea en Bachillerato, Formación Profesional o cualquier curso de formación no reglada. La tasa se calcula para las personas entre 18 y 24 años de edad.
Es un concepto más reciente que el de fracaso escolar, con el que se tiende a confundir. La Unión Europea lo emplea para comparar la formación de los jóvenes de los países miembros, como forma de aproximarse a su futuro capital humano. En la "Agenda de Lisboa"1 se fijó una serie de objetivos en diversos terrenos sociales. En educación, uno de los objetivos es lograr que el promedio de abandono escolar temprano de los países miembros fuese del 10% en 2010, es decir que el 90% de los jóvenes, entre 18 y 24 años esté cursando o tenga estudios superiores a los mínimos obligatorios. Como no se cumplió, el objetivo se repite para 2020, en la Agenda de Madrid.

En los países latinoamericanos el abandono escolar temprano recibe el nombre de deserción escolar.

Sunday, July 12, 2015

Identidad Nacional
Guillermo García Machado

Identidad es una palabra de origen latino (identitas) que permite hacer referencia al conjunto de rasgos propios de un sujeto o de una comunidad. Estas características diferencian a un individuo o a un grupo de los demás. La identidad también está vinculada a la conciencia que una persona tiene sobre sí misma. La identidad nacional, por su parte, es una condición social, cultural y espacial; se trata de rasgos que tienen una relación con un entorno político ya que, por lo general, las naciones están asociadas a un Estado (aunque no siempre sea así).
La nacionalidad es un concepto cercano a la identidad nacional. Las personas que nacen en Brasil, por ejemplo, son de nacionalidad brasileña y tienen documentos legales que acreditan dicha condición. Estos individuos, por lo tanto, tiene identidad brasileña.
Sin embargo, el aspecto más simbólico de la noción puede variar en cada caso. Una persona que nace en Brasil (tiene nacionalidad brasileña) y a los cinco años de edad se marcha al exterior, puede perder o descuidar, con el paso del tiempo, su identidad nacional. Si dicho sujeto, después de pasar sus primeros cinco años de vida en Brasil, vive los cuarenta años siguientes en Australia, sin regresar nunca a su tierra natal, es probable que mantenga su nacionalidad desde el punto de vista jurídico, pero no su identidad social o cultural.
En otros casos, la identidad nacional puede existir sin que esté certificada por un documento legal. Los gitanos pueden hablar de identidad nacional pese a que su nación no cuenta con un territorio propio o un Estado que los ampare como colectivo social. Un hombre, por lo tanto, puede tener nacionalidad española o de cualquier otro país e identidad gitana.
Retomando el concepto puro de identidad, es importante resaltar que uno de sus matices fundamentales es la visión que una persona tiene sobre sus propias características, cómo cree que los demás la perciben cuando la ven, cuando la escuchan, cuando tratan con ella. Es justamente este aspecto tan personal, tan privado, el que afecta de manera incuestionable la rigidez de la identidad nacional; ni siquiera es necesario haber vivido en un país para sentirse parte del mismo, aunque esto no se dé muy frecuentemente. Si bien el intercambio cultural ha tenido lugar desde hace cientos de años, como se puede comprobar investigando acerca de la vida de escritores y compositores, los avances tecnológicos en el ámbito de las comunicaciones facilitan cada vez más el acercamiento a otras tierras sin necesidad de moverse de la propia. Internet nos permite aprender de una forma que hace tan sólo unos años tan sólo la ciencia ficción podía describir, y esto repercute en una riqueza que debilita cada vez más las cadenas que separan a una nación de otra.
Para quienes han nacido en la era de la televisión, palabras de origen extranjero como “stop” o “play” nunca fueron extrañas; del mismo modo, han sabido incorporar “email”, “Internet” y “streaming”, entre tantos otros términos, para adaptarse a las crecientes posibilidades que ofrece la tecnología. Algo similar ocurre con los géneros musicales: una pareja de japoneses bailando tango en un teatro de Kyoto resulta tan común como un español interpretando un rap escrito por él mismo, en su propio idioma.
¿Cuánto queda de identidad nacional en estos últimos dos ejemplos? Si se toma en cuenta la cantidad de horas necesarias para entrenarse en una disciplina como el baile o el canto, en el caso de una persona que dedica su vida a estudiar un estilo creado a miles de kilómetros de su hogar, en otra época, con un contexto sociocultural absolutamente diferente y en otro idioma, seguramente dichas personas no tengan mucho tiempo disponible para la danza nenbutsu o el cante jondo. La pregunta es, por lo tanto, si es necesaria, o positiva, la identidad nacional.


Sunday, July 5, 2015

Dependencia Económica
Guillermo García Machado
La razón de dependencia es importante para el desarrollo del presupuesto público, ya que diversos gastos sociales (como las jubilaciones) dependen de dicha tasa. A mayor tasa, mayor carga para la población activa. Se debe entender por dependencia económica una situación en la cual la economía de determinados países está condicionada por el desarrollo y la expan­sión de otra economía, a la que están sometidas las primeras. La relación de interdependencia entre dos o más países, y entre éstos y el comer­cio mundial, toma la forma de dependencia cuando algunas naciones (las dominantes) pue­den expandirse y ser auto generadoras, en tanto que otras naciones (las dependientes) sólo pue­den hacerlo como reflejo de esa expansión, la cual puede tener un efecto negativo o positivo sobre su desarrollo inmediato. El concepto de dependencia nos permite ver la situación interna de estos países como parte de la economía mundial. Con la globalización, se ha generado un proceso de expansión de los centros económicamente poderosos y es entonces cuando más necesario es exponer una teoría del desarrollo interno en aquellos países que son objeto de dicha expansión y están gobernados por ella. Avanzar en esta dirección teórica significa trascender la teoría del desarrollo que busca explicar la situación de los países subdesarrollados como consecuencia de su lentitud o de su fracaso en la adopción de patrones de eficiencia característicos de los países desarro­llados y que, si bien admite la existencia de una dependencia "externa", es incapaz de advertir el subdesarrollo como consecuen­cia y parte del proceso de expansión mundial del capitalismo, parte necesaria e integralmente ligada a ese proceso. Cuando se analiza el proceso de constitución de una economía mundial que integra a las lla­madas economías nacionales en un mercado mundial de mercancías, capital y fuerza de trabajo, se ve que las relaciones producidas por este mercado, son desiguales y combinadas. 
Son desiguales porque el desarrollo de algunas par­tes del sistema se produce a expensas de otras partes. Las relaciones comerciales se basan so­bre el control monopólico del mercado, que conduce a la transferencia del excedente de los países dependientes hacia los países dominan­tes; las relaciones financieras se basan sobre empréstitos y exportación de capital realizados por los poderes dominantes, lo cual les permite recibir intereses y beneficios, incrementándose de esta manera su excedente nacional y refor­zándose su control sobre las economías de los otros países. Para los países dependientes es­tas relaciones significan una exportación de be­neficios e intereses que llevan consigo parte del excedente generado dentro del ámbito de sus fronteras y les hace perder el control de sus recursos productivos.
Son combinadas porque, para permitir estas rela­ciones desventajosas, los países dependientes deben generar grandes excedentes, no por me­dio de la creación de un nivel tecnológico más alto, sino más bien explotando al máximo su fuerza de trabajo. Se conoce como razón de dependencia al vínculo que existe en la cantidad de personas que no se encuentran activas en lo referente a la producción y la cantidad de individuos productivos. La noción de dependencia se vincula a que los primeros “dependen” de los recursos generados por los segundos. Lo habitual es que esta tasa se calcule en base a la edad: los adultos mayores, ya jubilados, no forman parte del mercado laboral y, por lo tanto, no son productivos en términos económicos. Lo mismo ocurre con los niños. El resto de las personas, en teoría, son productivas.
Esta simplificación, por supuesto, deja de lado a una gran cantidad de sujetos que, pese a tener la edad apropiada para desempeñarse laboralmente, no trabaja y, por lo tanto, no produce recursos económicos.
Para calcular la razón de dependencia, es necesario dividir el número de individuos que no se encuentra en edad productiva (lo habitual es considerar a los menores de 15 años y mayores de 65) por el número de individuos productivos (aquellos que tienen entre 15 y 65 años).
Por ejemplo: si en una ciudad de 5.000 habitantes, 1.200 personas tienen entre 0 y 14 o 66 años o más, y 3.800 personas tienen entre 15 y 65 años, la razón de dependencia será 0,31. Es habitual que dicha razón se multiplique por 100 y se exprese como porcentaje. En este caso, podría decirse que 31 de cada 100 personas es dependiente.


Sunday, June 28, 2015

Paroxismo y la exageración
Guillermo García Machado
La noción de paroxismo, que procede de la lengua griega, refiere a una exageración de algo. El concepto suele emplearse con referencia a la expresión enardecida de una opinión o un sentimiento, aunque también aparece en el ámbito de la medicina (entendido como la manifestación violenta de una enfermedad). El paroxismo, por lo tanto, puede considerarse como una figura retórica que consiste en exagerar y reflejar con pasión desmedida alguna cuestión. Si un joven observa a una mujer que le resulta atractiva, puede comentarle a un amigo: “Mira qué linda chica que camina por la plaza”. Un paroxismo aplicado a la misma situación podría ser: “Mira a aquella diosa celestial que pasea su hermosura sin igual y enaltece el sentido de la vista, llenando de fuego nuestros corazones”.
Los paroxismos suelen aparecer vinculados al fanatismo. Una persona puede indicar que Lionel Messi es un gran jugador de fútbol pero, si lleva ese reconocimiento hacia un paroxismo, podría indicar: “No existió persona en la historia que tenga una habilidad similar a la de Lionel Messi, el único ser humano que puede realizar milagros dentro del campo y que no tiene ningún oponente capaz de hacerle sombra”.
En el ámbito de la política, los paroxismos pueden surgir por parte de los admiradores de un líder carismático o de los seguidores de un déspota: “El amado General Cupittol, único líder de estas tierras, es un hombre valiente que, con su ejemplo y su maestría, guía a su pueblo todos los días y lo defiende de los enemigos que quieren dañarlo, recibiendo el amor de las masas por sus fantásticas acciones cotidianas”. También conocido con el nombre de histeria femenina, el paroxismo histérico fue una enfermedad que la medicina de Occidente diagnosticó hasta la segunda mitad del siglo XIX. Durante la época victoriana, este trastorno se asociaba a un gran gran número de síntomas, tales como dificultad para dormir, desmayos, retención de líquidos, espasmos musculares, sensación de pesadez en el abdomen, irritabilidad, dolores de cabeza intensos, actitudes conflictivas, pérdida de apetito y respiración entrecortada.
El tratamiento que recibían las pacientes diagnosticadas con esta supuesta enfermedad se denominaba masaje pélvico, y consistía en la estimulación de sus genitales por parte del médico hasta que alcanzaran el orgasmo, el cual se conocía en ese entonces como paroxismo histérico, por creer que el deseo sexual reprimido era una anomalía. Sin embargo, esto respondía simplemente a que el rol de la mujer estaba reducido a la reproducción, sin lugar para el placer que en la actualidad se asocia a las relaciones sexuales. Otro de los procedimientos normales para tratar la histeria femenina era el lavaje vaginal.
Sigmund Freud estudió el paroxismo histérico y así comenzó a divisar la existencia del inconsciente, además de la ya conocida conciencia, y llegó a la conclusión de que esta enfermedad surgía como respuesta a un trauma que había sido reprimido en este plano al cual no se tenía acceso voluntariamente, y que afloraba sin remedio a través de ataques que parecían inexplicables. Estos razonamientos basados en las consecuencias de la insatisfacción sexual fueron las bases del actual psicoanálisis.
A mediados del siglo XIX, muchas mujeres eran diagnosticadas con histeria femenina, y esto se debía a la falta de precisión de los síntomas asociados a esta enfermedad; prácticamente, cualquier molestia que sufriera una mujer podía dar pie a los tratamientos antes expuestos. Curiosamente, la invención del vibrador tuvo lugar en el año 1870 y llegó al mercado a finales de siglo, una década antes que la aspiradora y la plancha. Lejos de ser un tabú, como en la actualidad, este dispositivo aparecía con normalidad en catálogos de electrodomésticos de principios del 1900. En el paludismo, también conocido como malaria, el cuadro de paroxismo se caracteriza por la agudización de síntomas como la fiebre (puede aumentar hasta 39 o 41 °C), escalofríos, aceleración del pulso, dolores de cabeza, náuseas y poliuria (profusa producción y excreción de orina). Lo que sigue al paroxismo palúdico es una sudoración copiosa que propicia la disminución de la temperatura. Como tal, este tipo de episodios suele ocurrir cada 48 horas, o cada 72, si se trata de la variedad Plasmodium malariae.


Sunday, June 21, 2015

Conozcamos el delirio
Guillermo García Machado
Delirio es un término que tiene su origen en el vocablo latino delirium. Esta noción se utiliza para nombrar a una alteración de la mente que lleva a una persona a alucinar y a tener pensamientos incoherentes. Por extensión, se conoce como delirio a la manifestación de este tipo de pensamientos en palabras, acciones, etc. Por ejemplo: “Lo que has dicho es un delirio: ¿cómo voy a renunciar al trabajo si necesito el dinero?”, “Saltar en paracaídas a los 90 años es un delirio”, “La película me pareció un delirio: los personajes cambiaban de nombre en cada escena”.
Para la psicología, el delirio es un síntoma de un trastorno psicótico en el que el individuo cree cosas que no forman parte de la realidad. No se trata de una mala interpretación, de manejar información falsa o de una equivocación pasajera: el delirio es patológico y tiene su causa en una enfermedad.
Un delirio, por lo tanto, es una creencia que se sostiene y se defiende sin lógica, no puede comprobarse a través de la experiencia y es inapropiada para la cultura de la persona en cuestión. El sujeto revela un pensamiento anormal (fuera de lo común y de lo esperable) para defender su idea aún cuando, desde la razón, se le demuestre su falsedad o inconveniencia.
En el lenguaje cotidiano, el concepto de delirio se utiliza para nombrar a un proyecto o un deseo de una persona que no puede cumplirse en la realidad o que, al menos, resultará muy difícil de llevar a cabo. Si un hombre de cincuenta años que nunca fue deportista profesional dice que su sueño es jugar junto a Lionel Messi en el FC Barcelona, sus familiares y amigos podrán afirmar que su objetivo es un “delirio”. Los delirios paranoicos, que no deben ser confundidos con la esquizofrenia paranoide, a menudo se asientan en la personalidad, aunque lo mismo no siempre ocurre al revés: el delirio no es necesariamente un resultado de la personalidad paranoica, sino que surge por un conflicto psicoafectivo.
La realidad se ve desbordada por una serie de significaciones que, poco a poco, se convierten en parte del delirio; si bien la percepción del exterior es correcta, su representación se ve afectada, de manera que la subjetividad supera en fuerza a la objetividad.
Es importante señalar que los individuos que sufren de delirio paranoico crean sus propias justificaciones para su interpretación del mundo que los rodea, por lo cual son capaces de explicarla a través de la lógica y darle apariencia de verosímil. Se trata de un sistema sólido, conformado por una serie de ideas bien establecidas que se organizan y se enriquecen a medida que el trastorno avanza.
Algunos de los tipos de delirio paranoico más conocidos son los siguientes:
* De persecución: se trata del más común. Quienes lo sufren tienden a interpretar y explicar todo lo que les sucede, afirmando que todo gira en torno a la persecución de la que son víctimas. Se convencen de estar constantemente amenazados por personas que los envidian y les desean el mal, y muy a menudo no consiguen progresos significativos en la vida a causa de dichos supuestos obstáculos;
* De hipocondríaco: pertenece al delirio de reivindicación. El sujeto asegura siempre sufrir de algún trastorno o enfermedad, ante lo cual busca constantemente la asistencia médica, sin conseguir el éxito que espera, y esto deriva en repetidas reclamaciones;
* Celotípico: los celos impiden que el sujeto disfrute de una relación amorosa, ya que existe la idea constante de que la otra persona es infiel, o bien desea serlo. Es común que se decida a investigar a sus parejas, ya sea directa o indirectamente, y la sensación de ser engañado crece hasta volverse insostenible para ambas partes.

El delirio propio de los dirigentes políticos podemos verlo como una verdadera enfermedad psicológica, de la rama de la paranoia, que consiste en creerse falsamente un personaje poderoso o importante y comportarse como tal (un cantante de rock, Napoleón, Franco, Isabel la Católica, etc...) Este trastorno de conducta suele encubrir una idea inaceptable o un complejo de inferioridad. La persona sueña con una situación o con unos lujos fuera de su alcance. Suelen sucumbir a este tipo de delirio las personas con baja autoestima que necesitan creerse en una situación personal mucho mejor de la que se encuentran para poder soportar la vida. Delirios no patológicos: Todas aquellas creencias dentro de la realidad (ser rico, ser famoso, haber descubierto la vacuna contra el SIDA, descubrir la cura contra el cáncer, etcétera) son pequeñas formas de perderse en una interfase de ilusión que crea la mente. Quizás la forma más fácil de diferenciarlos del delirio verdadero es que éste es "apodíctico", es decir, irreductible a cualquier contrastación racional, y parten de un conocimiento personal no compartido e incierto. Delirios extraños: Todas aquellas creencias que están fuera de la realidad reconocida por la ciencia (creer que es posible robar el pensamiento, resucitar a personas fallecidas).

Sunday, June 14, 2015

Tecnofilia
Guillermo García Machado
Tecnofilia es un concepto formado por dos términos: tecnología (las técnicas y los conocimientos que posibilitan la utilización práctica de los conocimientos de la ciencia) y filia (el apego, la simpatía o el interés por algo). La tecnofilia, por lo tanto, se vincula a la afición a las cuestiones tecnológicas. Existen diferentes grados de tecnofilia. En la actualidad, la mayoría de los seres humanos tiene un cierto apego por la tecnología ya que diversos dispositivos son empleados de manera cotidiana. Las comunicaciones, la actividad laboral y hasta el entretenimiento dependen en buena parte de lo tecnológico.
Hay personas, sin embargo, que desarrollan un elevado grado de dependencia a la tecnología. En este caso, la tecnofilia se convierte en una obsesión y genera distintos problemas. Un individuo con una marcada tecnofilia siente frustración si no puede comprar un nuevo producto, incrementa su nivel de ansiedad si no tiene conexión a Internet o puede sufrir una crisis nerviosa si su computadora (ordenador) o teléfono celular (móvil) dejan de funcionar.
Las tecnologías han estado presente desde que se tiene conocimiento del origen de la vida y gracias al progreso humano estas han ido avanzando con el paso del tiempo, pero el término "tecnofilia" se dio a conocer a finales del siglo XlX con el surgimiento de la Revolución Industrial, ya que es en ese periodo donde empezó todo el Boom tecnológico. Uno de los más importantes registros que se tienen con respecto a la tecnofilia, es del ingeniero inglés M. Anderson proclamó "Se nos ha dicho en nuestra juventud que el trabajo fue el castigo por la falta cometida por nuestro primer Padre. Si esto es verdad, los ingenieros son los grandes sacerdotes que han construido las máquinas para borrar la mancha del castigo divino", 5 refiriéndose a que las máquinas conllevarían a la felicidad y ocio absoluto. Se ocupan términos como Tecnófilos, adictos a la tecnología, consumistas compulsivos por su apego hacia la tecnología o incluso Tecnobobos, los cuales se caracterizan por tener tener toda la tecnología de punta, llegando a suplir necesidades básicas con solo tener un objeto -cualquier sea su costo-. Otras veces llegan a endeudarse para obtenerlos. Son fanáticos de las redes sociales y además son muy ansiosos. Si bien ocupar diversas tecnologías para nuestro bien en el día a día ya sea para satisfacer nuestras necesidades o darnos un leve gusto, no es malo, pero debemos fijar bien los límites que separan el buen uso de esta y el abuso que se tiene. Las redes sociales, el celular, los videojuegos si bien al principio marcaban un hito en la población, permitiendo la intercomunicación, con el paso del tiempo empezaron a hacerse más partícipes en la vida del hombre, llegando a ser una necesidad, o mejor dicho una adicción muy díficil de dejar. Sabemos que la tecnofilia afecta a las personas según su rango etario, demografía y en la época en que inicio su vida, por lo tanto no podemos decir que todas las personas son tecnofílicas, como lo podemos ver a continuación:
·         Recién nacidos: Como estos no necesitan tecnología digital en sus primeros meses de vidas, pero si están propensos a que sean influenciados en el futuro, los podemos clasificar como personas no tecnofílicas en el presente, pero en el futuro cercano se clasificará o no dependiendo de su cultura.
·         Niños: son fuertes candidatos, sobretodo si se sobre estimulan en demasía a edad temprana. A pesar de en cierta forma pueda mejorar sus habilidades, a largo plazo se convertirá en un mal hábito [5]
·         Adolescentes: Son los candidatos absolutos, sobre todo los que tienen problemas de interacción con el medio (personas introvertidas) los cuales encuentran en las redes sociales y en este mundo tecnológico, en los cuales no se tiene miedo al desenvolverse, ya que se actúa principalmente en el anonimato. Como extra, los jóvenes que no tienen problemas de interacción con el medio, también en cierta forma abusan de la tecnología, sobre todo con las redes sociales, publicando fotos, estados, comentarios, elevando así su popularidad.
·         Adultos: Son candidatos pero en menor proporción, usualmente cometen un abuso de la tecnología con temas de trabajos, comunicarse con sus amigos, entre otros, usando plataformas como Gmail, Whatsapp, Facebook.

·         Adultos mayores: No son candidatos a ser tecnofílicos, ya que al ser de otra época (mediado de los 50's hacia años inferiores), ocupaban otro tipo de tecnología adopto a esos años. Cabe destacar que a pesar de sus años, no se sientes interesados en usar tecnologías del siglo XlX.